"Una sala llena de luces blancas y artificiales, paredes de
la misma blancura de las luces acompañadas de un suelo frío de mármol. Olor
antiséptico en el aire, olor a limpio inmaculado en la habitación cuadrada. Una
camilla en el centro con una mujer tumbada en ella, vestida con el pijama tan
típico de hospital. Un equipo de médico y enfermeros se encuentran a su lado
dándole ánimos, ánimos para que no se rinda que ya queda poco, que el dolor
habrá merecido la pena, que casi hay una nueva luz en el mundo, que resista
porque casi está.
Unas perlas de sudor bañan su cara, su cuerpo y su pelo, sus
músculos se tensan en una postura que es antinatural, se retuerce, grita, aprieta
los puños y los dientes. Su respiración es fuerte, intensa y rápida al igual
que los latidos de un corazón que parece salirse de su pecho. Aguanta, casi
está, lo siente, lo nota….
Una fuerte punzada de dolor, un grito ahogado, más tensión
acumulada, un último empujón, expectación y por último silencio. Toda la sala
queda sumida en ese silencio que lo envuelve todo, esa tensión tejida en el ambiente
y en el cuerpo de ella, un cuerpo que se mantiene de forma arqueada como una
nota sostenida en una melodía. Pasan los segundos como si fuesen a cámara lenta
y entonces sucede. Un llanto. Su cuerpo se relaja, recupera su forma original,
cae derrotado, agotado después de estar al límite de casi romperse como una
muñeca de porcelana. Siente el tacto de las sábanas de la camilla empapadas por
su sudor, su temperatura se va rebajando, sus constantes vitales dejan de ser
un caballo desbocado, médico y enfermeros sonríen.Todo ha salido bien.
Cuando la mujer abre los ojos después de unos momentos que
le han parecido una eternidad, escucha las felicitaciones de los sanitarios que
allí se encuentra, ella esboza una sonrisa, está fuera de combate pero feliz, y
la causa de esa felicidad es el pequeño ser que ponen ante ella. Un bebé de no
más de 2 kg, con los ojos aún entrecerrados. Una nueva luz. Ponen al pequeño
entre los brazos de su cansada madre, unos brazos que al principio vacilan pero
en cuanto entran en contacto con esa piel tan suave, lo sostienen firmemente. Allí
es el lugar donde más seguro se va a encontrar.
Ha nacido así una nueva vida, una nueva persona que poblará
este mundo."
Entramos en este mundo peleando por él, peleando por dar esa
primera bocanada de aire, peleando porque nuestros ojos se abran ante la luz
que nos espera. Una pelea por vivir, por alcanzar esa vida.
Pero, ¿qué es esta
vida? ¿Qué significa vida?
Vida es levantarte cada mañana, es ver el Sol cada una de
esas mañana, es sentir el abrazo de esas personas que te quieren, es el apoyo
de los demás, es pasear una tarde cualquiera sin rumbo fijo, es sentarte en
mitad del parque a charlar sobre lo primero que se os pase por la mente, son
unas risas con los amigos, es pasarte la noche entera contemplando las
estrellas, es imaginar mil y una aventura, es perderte por tus pensamientos, es
sentir la impotencia de un querer y no poder, es abrir los ojos cada mañana, es
un detalle cargado de ilusión hacia esa persona que lo necesita, son las
lágrimas ante un dolor, es una esperanza que nace desde lo más profundo de ti,
es una caída y levantarte después, es el mar, es el cielo, es la naturaleza, es
respirar un día más, es poder decir “te
quiero” una vez más, es llorar y es reír, es gritar y callar. La vida es infinitud de momentos,
tanto buenos como malos. Sencillamente, la vida es vivir. Vivir cada uno de esos momentos ya dichos y
los que aún quedan en el tintero esperando a ser escritos, vivir implica muchas
cosas. Implica que no vas a rendirte, implica que tras cada caída tengo derecho
a descansar pero la obligación de levantarme después, implica luchar por todo
lo que aprecias, implica aprovechar cada segundo, implica dejarte llevar por tu
corazón, implica defender esa vida, TU vida, para que nadie se apropie de ella,
para que no te la sesguen, implica protegerla de todos y de todo, incluido de
ti mismo, implica aprender todo lo que tenga que enseñarte, implica equivocarte
y rectificar, implica caer desde lo más alto hasta lo más bajo algunas veces,
implica plantar cara a quien quiera pasar por encima de ti y de ella, implica
amparar tus ideales, implica cuidarla, implica saber apreciarla porque la vida
tiene valor, el más alto de todos. Implica vivirla.
Me dirás que la vida es injusta pero, ¿quién dijo que no lo
fuese? Además, es más justa de lo que creemos, porque muchos la subestiman pero
ella sigue a su lado. Me dirás que no es fácil, que es complicado vivir pero,
¿quién dijo que la vida fuese fácil? Es complicadamente sencilla, tan sencilla
que somos incapaces de aceptarla tal cual es, debemos buscarle la trampa al
truco de magia, no puede ser así, no puede ser dos más dos cuatro, no. Nuestra
mente se niega a aceptarlo, prefiere buscar ecuaciones donde la respuesta
siempre es infinito, así nos sentimos mejor con nosotros mismos, así tenemos “algo”
a lo que poder echarle las culpas de nuestra mala suerte. Pues os equivocáis.
Me dirás que está vida es cruel y dura, pero es vida en su
estado más puro y esencial, ¿qué esperabas? La vida es cruel y maravillosamente
viva, es una fuerza implacable, no sigue las reglas establecidas por nadie ni
nada. Es como cuando dices que el mar es cruel o malo pero eso no está en su
naturaleza, él no entiende de buenos o malos, simplemente “es”. El mar es mar
al igual que la vida es vida. La vida vive, continua su curso y eres tú quien
debe sumarse a ese camino, no quedarte atrás.
Me dirás que la suerte no está de tu parte pero, ¿sigues
creyendo en aquello que quieres alcanzar? Es muy fácil pedir que la vida nos
entregue todo lo que necesitamos, es muy fácil echarle las culpas de lo que no
conseguimos. No es que nosotros no podamos es que la vida no nos lo da. Pues lo
siento de nuevo, pero os volvéis a equivocar.
La vida no está para regalarnos lo que nosotros deseamos, la
vida está para que nosotros lo consigamos. Cuando quieres algo, cree en ello, no
abandones, no pierdas la fe por muchas tormentas que tengas que soportar, no
hundas tu barco, mantenlo firme ante el oleaje pues el capitán nunca abandona
el barco sino que se hunde con él. Sigue creyendo pues en el momento que dejes
de hacerlo, abandonarás tu causa y entonces no merecerás alcanzar tu meta. Cree
para tus sueños cumplir. No, cumplir tus sueños para creer.
La vida nos entrega su mayor don, “vivir” y lo mismo que
tenemos unos derechos también tenemos responsabilidades con esa vida que se nos
ha dado. No te pierdas entre nubes y estrellas, entre pensamientos de
filosofías vendidas, estamos en esta vida para vivirla. Para vivirla como
nosotros queramos, construyéndola poco a poco, para que cada vez el edificio
sea más sólido. Es una masa de arcilla, vida en potencia, pero necesitamos las
manos de un arquitecto, nosotros mismos, para ir moldeándola lentamente, que se
fragüe a fuego lento, para que deje de ser una vida más y se parezca más a lo
que nosotros queremos, a ese presente y futuro que queremos vivir. Para que en
vez de ser una vida más, sea NUESTRA vida.
No todo será un camino de flores, habrá momentos duros y
necesitarás descansar, sentirás ganas de abandonar, te apuñalarán por la
espalda, te pondrán zancadillas pero ya sabes la clave, el secreto de esta
receta: no abandonar, pase lo que pase. Continuar.
¿Por qué? Porque lo mismo que la madre no abandonó en mitad
del alumbramiento pese a que sentía que se rompía por dentro, que rasgaban su
interior, que sentía como si la vida se fuese en cada suspiro, como si su
cuerpo fuese a desfallecer. Ella siguió adelante incluso a veces a costa de su
propia vida. Si ella pudo continuar, tú también.
El “no puedo” no es una excusa, no es una razón, no vale.
Si luchamos por entrar en este mundo, lucharemos por salir
de él.
Infinity.